Cuando alguien piensa en el islam, suele imaginar sus normas, sus mezquitas o sus cinco pilares. Pero dentro de esa misma tradición late desde muy pronto otra búsqueda: la de quienes no se conforman con cumplir, y quieren además conocer a Dios por dentro. A esa vía interior se la llama sufismo.
Indice
Una palabra de lana
En árabe, el sufismo se llama taṣawwuf (تصوف), y quien lo practica es un ṣūfī (صوفي). La explicación más aceptada relaciona la palabra con ṣūf (صوف), la lana basta con la que se vestían los primeros ascetas.
Los propios sufíes propusieron otros orígenes más poéticos, como ṣafāʾ (صفاء), «pureza», o los ahl al-ṣuffa (أهل الصفة), los compañeros pobres del Profeta que vivían junto a la mezquita de Medina. Como etimología convencen menos, pero dicen mucho de cómo se veían a sí mismos.
De los ascetas a los maestros
El sufismo no nació de golpe. En los primeros siglos del islam, mientras el imperio crecía y se enriquecía, algunos creyentes reaccionaron con una vida austera. Eran los zuhhād (زهّاد), los renunciantes. Entre las figuras que la tradición recuerda de aquella época está al-Ḥasan al-Baṣrī (الحسن البصري), que murió en el año 728.
Pronto el temor dio paso al amor. Rābiʿa al-ʿAdawiyya (رابعة العدوية), una mujer de Basora del siglo VIII, es recordada por enseñar que a Dios se le debe amar por sí mismo, y no por miedo al infierno o por deseo del paraíso.
En Bagdad, ya en los siglos IX y X, la vía tomó forma de doctrina. Al-Ŷunayd (الجنيد) defendió un sufismo sobrio, prudente y fiel a la ley religiosa. Su contemporáneo al-Ḥallāŷ (الحلاج) representa el extremo contrario: se le atribuye la frase anā l-Ḥaqq (أنا الحق), «Yo soy la Verdad», y fue ejecutado en el año 922.
Dos siglos después, al-Gazālī (الغزالي), uno de los grandes sabios del islam, abandonó su cátedra en Bagdad tras una profunda crisis y buscó en el sufismo lo que los libros no le daban. Su obra Iḥyāʾ ʿulūm al-dīn (إحياء علوم الدين), «La revivificación de las ciencias de la religión», ayudó mucho a dar al sufismo un lugar respetado dentro del islam.
El camino y sus palabras clave
El sufismo se entiende como un viaje, y tiene su propio vocabulario:
- Ṭarīqa (طريقة): el camino, y también la cofradía que lo transmite.
- Šayj (شيخ): el maestro que guía.
- Murīd (مريد): el discípulo, literalmente «el que desea».
- Ḏikr (ذكر): el recuerdo de Dios, repitiendo sus nombres o fórmulas sagradas.
- Maqāmāt (مقامات): las estaciones del camino, que se conquistan con esfuerzo.
- Aḥwāl (أحوال): los estados interiores, que llegan como un don y se van.
- Fanāʾ (فناء): la extinción del yo ante Dios.
- Baqāʾ (بقاء): la permanencia en Dios, que sigue a esa extinción.
Las cofradías
A partir del siglo XII, los círculos en torno a un maestro se fueron convirtiendo en cofradías organizadas, cada una con su linaje espiritual y sus prácticas. Entre las más conocidas están la Qādiriyya (القادرية), que se remonta a ʿAbd al-Qādir al-Ŷīlānī; la Šāḏiliyya (الشاذلية), muy presente en el norte de África; y la Mawlawiyya (المولوية), nacida del entorno del poeta Rūmī y famosa por sus derviches giróvagos.
Al-Ándalus y Almería
Esta historia también pasa por casa. En Córdoba, Ibn Masarra (ابن مسرة) se retiró a la sierra con sus discípulos en el siglo X y suele considerarse un precursor de la mística andalusí. En el siglo XII, Almería fue uno de sus grandes centros gracias a Ibn al-ʿArīf (ابن العريف), cuya fama acabó inquietando al poder almorávide. Y de al-Ándalus salieron también Abū Madyan (أبو مدين) y el murciano Ibn ʿArabī (ابن عربي), una de las cumbres de la mística universal.
¿Es el sufismo otra religión?
No. La gran mayoría de los sufíes se han considerado musulmanes plenos, y muchos han sido a la vez juristas y teólogos. Tampoco es una rama como el sunismo o el chiismo: hay sufíes en ambos, aunque sobre todo en el mundo suní.
Eso no quiere decir que haya gustado a todos. A lo largo de los siglos, distintos sabios han criticado algunas de sus prácticas, como el culto a las tumbas de los santos o ciertas doctrinas que les parecían peligrosas. Hoy, las corrientes salafíes siguen rechazando buena parte del sufismo, mientras que otros musulmanes lo ven como el corazón de su fe.
El debate, en el fondo, es tan antiguo como el propio sufismo: cuánto se puede decir de Dios, y hasta dónde puede llegar una persona en el camino hacia Él.